Ya recuperado y después de dos meses de estar de baja, por fin regrese al trabajo, el día se presentaba interesante, los compañeros estaban emocionados, me preguntarían mil cosas y yo me sentiría el protagonista del día, el recuerdo ya casi se había convertido en una anécdota, que quitando algún punto como los cuernos del toro, y los picotazos de las gaviotas, el resto ya lo comenzaba a ver de una forma hasta medio cómica, ya en el portal la cosa prometía ser interesante, Julio Ernesto el portero mexicano, me dio un emotivo abrazo, --estoy sin palabras licenciado, me embarga la emoción, me voy al bar a tomar un coñac-eso fue lo que me dijo, y salio corriendo, vaya si que le ha emocionado no pensé que me apreciara tanto este tío.

Monte en el ascensor donde también subía la recepcioncita del décimo, estábamos solos ella y yo en tres metros cuadrados, dios mío que tensión, esa mujer me vuelve loco, cuando llegamos al décimo, al salir del ascensor tengo que reconocer que me quede mirándola y seguramente con cara de bobo, cuando ella se giro como en los anuncios de champú casi a cámara lenta, me miro a los ojos y me dijo, me alegro de su regreso, mientras la puerta se cerraba, al principio no reaccione, pero de repente me di cuenta, ¡¡¡¡dios¡¡¡ como voy a bacilar con los compañeros cuando se lo diga lo fliparan¡¡¡ es ella y me ha hablado a mi¡¡¡¡ joder ¡¡¡

 

¡¡¡CRASK¡¡¡ ¿he? De repente el ascensor se detuvo, haciendo un extrañísimo ruido, como cuando se parte una madera, o algo parecido,  ¡¡no me jodas¡¡¡ que yo tengo claustrofobia, grite un par de veces, pero estos ascensores al ser herméticos ignífugos, acuáticos, y no se cuantas cosas mas, también son insonoros, comencé a darle al botón del interfono, pero no respondía nadie, seguramente Julio Ernesto seguiría en el bar, y yo tenia que salir de hay antes de que me diera el pánico, la trampilla del techo,¡¡ me largo por la trampilla del techo, y ni corto ni perezoso, me apoye en el maletín y abrí la trampilla del techo, ayudándome del maletín y no sin esfuerzo pude subirme, ya estaba en la planta 16 y esa planta esta clausurada, tendría que bajar un piso para abrir las puertas, dicho y echo me agarre al alambre que sujeta el ascensor, pero este estaba lleno de una grasa viscosa, y me sentía incapaz de dejarme descender por el mismo y mucho menos subir, pasado el primer susto recapacite y decidí entrar de nuevo en el ascensor y esperar para volver a pedir auxilio, alguien se daría cuenta, pero fue una  tarea imposible pues la trampilla se había cerrado, y ya no podía abrirla, no me quedaba mas remedio que tirar para adelante y salir de aquel follon, me acorde de un episodio de Mac Guiver, donde con un cinturón daba dos vueltas a un cable y se deslizaba por el, ni corto ni perezoso me desabroche el mió si el lo hace yo también puedo pensé, y quise imitar a tan fantástico personaje, cayendo a plomo, sobre el segundo ascensor que estaba gracias a dios un piso mas abajo, de lo contrario esto no lo estaría contando, eso si la hostia fue de cojones, como aun no estaba del todo curado de la leche que me di en el lavabo, uno de mis dientes, callo por el hueco de la escalera, yo ya comenzaba a verme muy mal, se ve que con el impacto el ascensor quedo algo mas bajo de lo normal con lo que la puerta de salida quedaba como a un metro de mis manos, con un pequeño salto la alcanzaría siempre que estuviera abierta, en ese momento escuche la aspiradora era señal, de que Osvaldo el chico de la limpieza se encontraba muy cerca, esa seria  mi salvación, Osvaldo es un chaval de unos 23 o 24 años, muy amable, y dispuesto, comencé a llamarle, pero no me escuchaba, estaba dándolo todo, se me saltaban los ojos por el esfuerzo al gritar, al cabo de un rato milagrosamente, la aspiradora se detuvo, y el  me contesto.